Reflexiones en la silla del dentista

Lunes, 18/02/2013

 'La silla del dentista' 

 El lunes tuve dos entrevistas y a medio día fui al dentista.  Riman, qué gracia, no fue intencionado , pero dejo así la frase.  El caso es  que como ninguno de los tres destinos andaba cerca, me puse a reflexionar en los diversos trayectos sobre la acción de “Abrir la boca”.
Mi padre solía decir: “En boca cerrada no entran moscas” o “Chitón, por la boca muere el pez“ o “Aquí, mirad y callad”, esta última exhortación especialmente dirigida a mí y a mis hermanos cuando irrumpíamos a incordiar mientras ellos, “los mayores”, disfrutaban de la sobremesa .
Mi madre, que siempre se prodigó más en palabras,  iba mucho más lejos respecto al uso de mi boca, mi lenguaje, y mis interlocutores. Cuando empecé a usar sujetador, o “Suti” como ella lo llamaba (del francés  “Sutiene”), empezaron mis problemas de relación con el sexo opuesto. Y mi madre, que por algo me había parido, empezó a aleccionarme con la mejor de sus intenciones: Marta, debes escuchar a los hombres, les encanta, y callarte un poco. Que ellos  te expliquen cosas…no hay nada que les guste más. Ajá. Bien. Cerrar la boca. Y obedecí.  La cerré. Pero  como escuchar a los chicos de mi edad no me seducía mucho por aquel entonces…más que nada porque escuchar sin poder intervenir es muy aburrido e injusto, pues me dio por bailar. A todas horas, como mi único sedante.
No sé si ahora estoy pagando esa contención lingüística de mi adolescencia  o qué pero me pongo a hablar por los codos a la primera de cambio. No me gustan del todo las entrevistas…es algo que no sabía, hasta ahora. Sí me gusta, claro, que la gente me conozca, que venga a mis conciertos, y por eso creo que son necesarias, pero hablar tanto de mí…no sé. La palabra es engañosa.
El otro día, de madrugada, recibí un mensaje de alguien a quien quise no hace tanto tiempo. Alguien que solía decirme 3 veces al día lo mucho que me quería pero a quien delataban sus acciones ( o más bien su no- acción) , quitando toda validez al verbo. Pues este señor, después de una serie de acontecimientos que no me apetece desvelar  ahora ( por dejar  tranquilas a las moscas de mi padre), se dignó cual caballero del Medievo virtual a mandarme un sms : “Te quiero”, después de lo que ha llovido sobre la historia, y sobre sus otras historias simultáneas.
Entonces me vuelvo a preguntar ¿Abro la boca? ¿Sigo mi impulso de vociferar? ¿Merece la pena desgarrarse las cuerdas vocales? O la cierro y como quien oye llover…
Recuerdo de pronto la voz del dentista, que es uruguayo y tiene un soniquete muy dulce al hablar, “Abra un poco”, “Cierre”, “Abra un poco, un poco más” , “Cierre, cierre más” Y me gustaría tenerlo tan claro…pero la vida se parece más a una canción de los Clash que a la consulta del dentista. “Should I stay, Should I go”
La palabra es engañosa, pienso en algo divertido con este Te quiero surrealista.
Te quiero
No me extraña

-Te quiero
- ¿Para qué?

-Te quiero
-Yo también me quiero.

-Te quiero
- ¿Y qué vas a hacer al respecto?

-Te quiero… poseer, corromper, debilitar, enclaustrar, vampirizar, violar, aniquilar,  te quiero …matar. Porque ya no te puedo tener.

Decido de nuevo lo mismo tumbada en la silla del dentista, que suelen ser de una comodidad tremenda, y esta lo es, cerrar,cerrar, cerrar.  Y compongo este poemita, porque es febrero, el mes del amor. Y Amor es lo que yo quiero:

Te quiero.
Él abre su boca para pronunciar un verbo bello.
No es del todo cierto.
Él escribe en su teléfono un verbo bello.
Silencio. Lo recibo y cierro…
Mi boca, mi canción, mi teléfono.
Los verbos no abrazan,
No construyen casas…
Cierro…
Tengo frío…
Claro,  ya es febrero.
No me di cuenta,
Tuve frío todo el tiempo.

 

Marta Tchai

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