La Morfina es una droga blanda. Capítulo 1

Sábado, 14/12/2019

La Morfina es una droga blanda

 

 

  

 

 

 

   Se vuelve extraño que la enfermedad no haya tomado su lugar junto al amor, la guerra y los celos entre los temas centrales de la literatura.

 

 

                                                          “Sobre la enfermedad”

                                                                                                                   Virginia Woolf    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una enfermedad llamada Olvido

 

 

Me enamoro /Me olvido/ Me vuelvo a enamorar.

Un verso libre para una canción que aún no he escrito. Podría llamarse “El Molino”. Tres frases de estribillo, firmes como aspas.

Enamorarme y olvidarme de mí. Olvidarme… como hacía ella, mi madre, conmigo. Como hacía mi madre con ella misma. Como haría yo luego con las dos. El olvido rima conmigo.

 

 Perdonar y olvidar. Recordar no era un verbo importante. Cuando ya estaba muy enferma comencé a escribir pequeños bocetos de su estructura, sin más objeto que el recuerdo, como fotografías adornadas en mi imaginación. Era mi última oportunidad de lograr comprenderla. Y cuando se fue, empecé a escribir sobre mí, sobre mi vida hasta su muerte, mi vida yonki del olvido de mi persona, mi vida esclava de la búsqueda voraz de una otredad que me devolviera algún reflejo vago de mi identidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primer día de Morfina.

         

                                                         Badajoz, Agosto 2015

 

 

     No estoy sola. Ella está conmigo, aún está aquí. Me gusta mirarla. Ha adelgazado mucho, se ha vuelto muy pequeña. Nunca la había visto tan tranquila…ni tan bella.

   Me ha leído el whatsapp que le ha enviado mi prima Isabel. Le hablaba de su risa, “la risa más bonita del mundo”, decía.

Lleva un babi verde de algodón áspero que se abre por la espalda. Está sentada sobre la cama, con las piernas dobladas al estilo indio. Parece una adolescente, haciéndome espacio a mí para compartir el colchón de 80. Hemos dejado encendida sólo una de las luces de neón, la suficiente luz fría para iluminar esta habitación de hospital. Es espaciosa, y a su manera guarda cierta armonía, tan sólo quebrada por dos armarios viejos que se ierguen en las esquinas y por un cubo de basura descomunal que ocupa todo el espacio libre del baño. La silla donde voy a dormir tiene un respaldo abatible. También es verde. La silla es verde, y su respaldo es verde. Como el babi de ella. Como los árboles, la hierba, algunas verduras frescas… Verde, su color favorito.

    Es sábado,1 de agosto, se respira una paz tremenda aquí. No hace calor. A pesar de que estamos en Badajoz, y el verano en Extremadura es cruel. Me siento a salvo. Aún siento que ella puede protegerme, como si fuese a quitarse de un manotazo las gafas nasales, y a cogerme de la mano cantando eso de “somos flores, somos rosas, somos lindas mariposas”.

    Siempre tuvo una risa preciosa, una risa que se queda sonando dentro de ti, acunándote, una risa profunda, llena de vida. Mi madre. Qué dos palabras tan necesarias. Ella es mi madre, pienso mientras observo cómo se ríe. Qué poco he usado yo este posesivo.

nsaje de Isabel es una relaci míunto a ella.y la silla donde yo voy a dormir ujer de una elegancia exquisita,

     Hoy le han dado morfina por primera vez a la hora de la cena. El dolor se ha esfumado de golpe… y ella parece iluminada, más cerca de la divinidad que de nosotros, dice que está recordando, que la cabeza se le ha llenado de imágenes. Me cuenta cosas como que antes de que naciésemos nos tenía preparada una habitación con una moqueta roja pero que como no se quedaba embarazada, al mirarla cada mes, cuando le venía la regla, se echaba a llorar. “Tendrías que haber cambiado la moqueta, mamá, por una de otro color…verde, por ejemplo.” Lo pienso, no se lo digo. No para de hablar. Me siento afortunada por estar aquí con ella y saber que nuestra primera habitación era roja. Ni rosa, ni celeste, qué va, menuda cursilada. Una habitación roja para mi bebé, pues claro que sí.

    Me cuenta también que tenía un teléfono góndola con un cable larguísimo con el que podía hablar por la casa mientras hacía otras cosas, y unas zapatillas rosas con un borlón.

–Un borlón muy grande, ¿sabes? – dice marcando el tamaño con sus manos, como si esto fuese lo más importante. Llora y sonríe, mientras se esfuerza por recuperar los detalles.

    De pronto se queda callada. Me mira abriendo sus ojos enormes para reforzar su decisión, “Yo me voy a dormir”, con esa entonación que suele usar cuando quiere quitarle peso a las cosas.

      Se duerme enseguida. Yo no tengo sueño. Juego con el teléfono a mirar fotos en Instagram de gente en la playa, todos muy morenos y sonrientes. Lo apago y observo el aparato, un Iphone 4, mientras imagino el teléfono góndola de mi madre. Cómo cambian las cosas. Siempre andamos aprendiendo a perder, costumbres, objetos, personas…y descubriendo lo nuevo. Me gustaría que algo no cambiase, no desapareciera. No tengo ganas de leer, y la silla verde es incómoda. Ella sí podría desaparecer y no mi madre. La miro dormir y lloro en silencio. Qué guapa está.

 

    Hoy le he quitado como todos los días su anillo de casada para darle el masaje, dice que soy su "personal trainer", y al ponérselo de nuevo, como ha adelgazado tanto, me he confundido y se lo he colocado en el dedo corazón.

    –En ese no, en el anular, apréndelo bien, hija mía– me ha dicho sorprendida por mi confusión.

    –Ya lo sé mamá, me equivoqué– le digo disculpándome.    

   –Vamos a repasar, a ver– dice divertida, y empieza por el índice, al llegar al pulgar se queda callada –¿Y este, hija, cómo se llama?.

     No se acuerda, yo me quedo muda ante su pregunta.

    –No sé –le miento. Porque no importa, el pulgar ella apenas lo usa. Es el dedo menos bello.

    Continúo masajeando sus piernas, veo cómo entorna los ojos, entregándose a mis manos.

   –Olvídate del periodista ese, eh, es un cretino, ¿no le habrás contestado, no? –dice de pronto. 

    –No, claro que no, que le den – le miento de nuevo.

   –Muy bien hecho, es un tío raro.

 

 

 

                                                                                     

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